Cada jornada comienza caminando el campo.
Observando. Tocando. Sintiendo.
La agricultura ecológica no se basa en fórmulas químicas, sino en comprender el equilibrio natural del suelo. La tierra habla: en su textura, en su humedad, en el color que adquiere tras cada estación.
Antes de sembrar azafrán, cultivamos respeto.